
Recientemente hemos visto como jóvenes como Nazareth Montero fueron víctimas de ataques por parte de personas que aprovechan a quiénes creen que somos vulnerables haciendo turismo, lo peor no es el ataque per-se, sino la “normalización” o la reducción de la seriedad de estos ataques por parte de nuestras autoridades, aun cuando se declaró la violencia contra las mujeres un asunto prioritario nacional, al parecer ha sido una declaración en papel nada más…
Como país, seguimos cuestionando a una mujer que decide viajar sola o sin acompañante masculino casi como chaperón, ¿es acaso un “privilegio” exclusivo de los hombres el decidir irse de paseo a la playa o la montaña sin ser víctima de violaciones o asesinatos o ser cuestionada por querer viajar? Más aun siendo un país que se proyecta como destino turístico y respetuoso de los derechos de las personas, ¿estamos claros que en el mundo las mujeres que viajan solas son el grupo de mayor crecimiento turístico? Esto según el artículo publicado en el New York Times de la revista Solo Female Travelers.
Esto no es un asunto de riesgos asumidos, es un tema cultural, ya que con estas actitudes sexistas fomentamos un morbo social que empodera a los agresores cada vez que se dice ¡Ah pero andaba sola! ¿¡Por qué no fue acompañada!? ¿Y con esa ropa como no le iban hacer algo? No es una obligación nuestra andar con un hombre para no ser atacada, es nuestro derecho el poder disfrutar como cualquier ser humano ¿gozamos todas las personas de la misma dignidad?
Viajar es un símbolo de libertad, viajar no es un tema de géneros, y ninguna mujer debería sentirse juzgada por querer hacerlo, el privarse de hacerlo es darle la victoria a una sociedad que no se ha ocupado en lo que realmente importa que es dignificar al ser humano y dejar de diferenciarnos groseramente, porque esto fomenta indirectamente que se vea como “normal” este tipo de acciones, casi que la víctima es co-culpable ¡a ese extremo hemos llegado!
Debemos reforzar y proteger este cambio cultural desde la formación adecuada de nuestra fuerza policial (y claro que desde la niñez y la adolescencia también), que comprendan que el más mínimo acto de acoso sexual deber ser sancionado, no es algo que se deba minimizar, es algo que nos expone a feminicidios, siendo la máxima y letal expresión de maltrato hacia las mujeres.
No tenemos que ser Indiana Jones para viajar, no es una experiencia reducida a un género, es un derecho al descanso, a expandirnos, a vivir otras experiencias, a ser libres, tal como lo menciono en mi publicación del 2017 en Derecho en Sociedad, el libre tránsito como derecho a la personalidad. Este derecho está incluido en la Declaración Universal de los Derechos Humanos (Asamblea General de las Naciones Unidas, 1948), en su artículo 13, también la Convención Americana sobre Derechos Humanos (artículo 22), la Declaración Americana de los Derechos y Deberes del Hombre (artículo 8); y el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos (artículo 12). La Convención Americana sobre Derechos Humanos (OEA, 1969), en el artículo 7.1, textualmente se establece que “toda persona tiene derecho a la libertad y a la seguridad personal”.
Si construimos una cultura más autónoma, más empática y más humana, todas las personas ganamos, ¿y vos, tenés claro como ser y hacer mejor a la sociedad, estás haciendo tu parte? Aboguemos por una concientización de valores basada en el humanismo.
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