Nudo gordiano

» Por Randall Marín – emprendedor

Alejandro III rey de Macedonia, antes de convertirse en la figura histórica de Alejandro Magno, se propuso extender el reino que heredó de su padre Filipo II de Macedonia, y a sus veinticinco años, ya había logrado convertirse en faraón de Egipto y rey de  Grecia, Media y Persia, mediante campañas bélicas de expansión. El hombre detrás estos enormes resultados no era sólo un militar puro, sino un genio, una figura con múltiples inteligencias.

En su campaña militar hacia el Este, por ahí del 334 a.C., se topó con el invierno en una provincia de la región que hoy es Turquía, cuya ciudad capital se llamaba Gordión. En un templo de esa ciudad frigia, se encontraba el así llamado nudo gordiano, que ataba un vástago o lanza con el yugo de un carro de labrador. Tanto la creencia popular, como el oráculo del pueblo, profetizaban que “aquél que pudiera desatar el nudo, podría conquistar Asia”. Así que, en ese lugar, Alejandro encaró un desafío, y una oportunidad, cuyo manejo fue fundamental para sus propósitos.

La historia probablemente más difundida relata que Alejandro se presentó al templo de manera pública, para desatar el nudo. Buscó y buscó, pero la soga, hecha acertijo, “escondía avaramente sus cabos”. Así que Alejandro sacó su espada, y cortó el nudo.

Hay quienes defienden que la acción de Alejandro es un ejemplo de sagacidad del pensamiento lateral, o de practicidad maquiavélica. Lo cierto es que cortar el nudo no es lo mismo que desatarlo y, como destruye la cuerda, da para interpretaciones. Es muy interesante.

Yo siempre he tenido claro que Alejandro no cumplió el requisito. Él no estaba ahí para cumplir con el designio de los dioses, sino para influir en el ánimo de sus tropas y causar miedo entre sus enemigos.  Una movida cultural y política, de un general que conocía la guerra por dentro y por fuera.

Cuando él corta el nudo, está consciente de que no cumplió con el designio divino, pero va más allá, pues su mensaje es que toma las cosas por la espada. Al cortar el nudo, deja de existir el nudo y desaparece el requisito. Abre un universo de posibilidades en donde el nudo no cuenta. Esa lateralidad en su solución es completamente válida.

Desfaciendo agravios, enderezando entuertos

Los artículos de opinión aquí publicados no reflejan necesariamente la posición editorial de EL MUNDO. Cualquier persona interesada en publicar un artículo de opinión en este medio puede hacerlo, enviando el texto con nombre completo, foto en PDF de la cédula de identidad por ambos lados y número de teléfono al correo redaccion@elmundo.cr, o elmundocr@gmail.com.

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