Imaginemos el día que los partidos políticos y las bancadas en la Asamblea Legislativa dejen de lado algunas posiciones y logren acuerdos por el bien de los ciudadanos. Suena utópico pero pensemos por ejemplo en la posibilidad de tener un diputado o diputada que logre un consenso entre los cristianos y frenteamplistas, los liberales y conservadores; y que los partidos de “centro” también se pongan de acuerdo y se produzcan grandes cosas. Se logró tras muchas negociaciones la unanimidad con el proyecto de Bienestar Animal, se puede realizar de igual forma con otros proyectos.

Todos debemos ser tolerantes, la tolerancia se basa en el respeto y en ceder ante las diferencias. Esa misma tolerancia y respeto debe ser característica en nuestros representantes políticos en el momento de exteriorizar nuestros deseos como sociedad. Cada uno de los 57 diputados fue electo por costarricenses con sueños, metas y dificultades distintas. Es ahí donde debemos pensar que aunque las minorías no logren gran apoyo o representación, al final todos son costarricenses, merecen respeto y una promesa de cumplimiento de sus deseos.

El derecho al amor es algo tan grande y bello que no se debe negociar para pasar a una segunda o tercera categoría. Cada día más costarricenses de poblaciones excluidas como la LGBT luchan contra adversidades que el sistema, el Estado  y nuestras leyes no les permiten vivir de la manera que lo deseen. Pensar por ejemplo que no todos pueden hacer su vida con la persona que aman es desgarrador, pues es algo a lo que todos aspiramos y deberíamos obtener sin ser a veces objeto de paupérrimas ideas plasmadas en nuestras leyes.

Pensemos que todo fuera diferente y las uniones entre hombre y mujer no fueran posibles. No todos pueden pensarlo, ni siquiera imaginarlo, pues las distintas doctrinas implantan por medio de una vetusta visión la idea de lo religioso, lo dogmático y lo biológicamente correcto, pero cada vez se comprueba más que en la naturaleza existe la homosexualidad o la bisexualidad, no es un capricho de nadie ser así. No podría imaginar alguien que quiera vivir su vida excluido y discriminado. No lograría entender el día que vea a un conservador feliz por ser objeto de mofa y sea marginado por la religión que profesa.

Es muy obvio que para diputados cristianos la simple idea de otorgar derechos a esta población suene descabellada, pero el no dárselos solo crea un retroceso en nuestro imaginario social, no se puede pretender que cambien sus preferencias e ideales, los gustos y el amor hacia alguien de su propio sexo no se puede detener. El amor es un sentimiento, no hay nada en el mundo que logre detenerlo, debatir estos temas se está convirtiendo en un factor que polariza a la ciudadanía costarricense; es impensable saber que un Estado Social de Derecho como el nuestro, no vaya avante en temas de tolerancia y respeto a los derechos humanos.

Estados Unidos, Francia, Canadá, España, Dinamarca, Países Bajos, Reino Unido, Uruguay, Argentina y Colombia son países con grandes economías, muchos de ellos potencias mundiales, y qué tienen en común: todos ellos permiten las uniones de personas de mismo sexo. No hablamos de nada salvaje o morboso si vemos que países con niveles de educación y “felicidad” tan altos como ellos pueden permitirlo, Costa Rica debería ser parte de esta lista, pero nuestra doble moral nos hace pensar que el respeto por las preferencias sexuales nos lleva a caer en una discusión sobre un asunto baladí.

Esperemos un día los diputados conservadores y cristianos logren ceder esos derechos y los diputados de izquierda, los liberales y todos los defensores de esos derechos puedan ceder y colocar un nombre que no sea ofensivo para ellos. Todos sabemos que la gran parte de los comentarios son siempre por la lucha en defensa de la palabra matrimonio. Yo entiendo que la lucha debe ser por lo que se desea, pero hay que ser tolerantes, ambos bandos deben dejar sus diferencias. No dudo que no hayan personas homosexuales cristianas que estén de acuerdo con esos diputados con respecto al matrimonio, a como no dudo que muchos conservadores en el tema hayan votado por diputados que quieran esas uniones civiles, y aún así los eligieron.

Es lógico que deben ser representados ambas ideas en el Congreso, pero todos debemos ceder. Al final la tolerancia, la educación y el respeto son primordiales, pues no podemos curar o eliminar el amor de una persona hacia otra. Al final de todo, son seres humanos y deben prevalecer los derechos y la búsqueda de la felicidad de todos los costarricenses. Seamos tolerantes, detengamos la discriminación por orientación sexual y también cedemos y respetemos las posiciones por creencias religiosas de todos y todas. Al final en Costa Rica deben existir espacios y palabra para todos, y todos debemos de convivir en paz y armonía.

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