Durante las últimas semanas, hemos escuchado y leído acerca de lo que parece ser una nueva ola de violencia contra menores de edad, que nos debe tener a todos aterrados.

Una noticia informaba que una niña de tan sólo cuatro años vivía amarrada a una cama y que le daban de comer jabón. El tío, la abuela y madre de la menor maltratada fueron detenidos y señalados como presuntos responsables de las agresiones.

Otra noticia también  nos dio a conocer que un niño en Naranjo vivió momentos de horror cuando fue sometido por su padre a presenciar cómo asesinaba a su madre a machetazos frente a él.

A propósito de estos hechos, la Doctora Olga Arguedas, directora del Hospital Nacional de Niños comentaba en un programa de opinión en radio, que hoy existen más denuncias sobre violencia contra los niños.

Pero advertía que esas denuncias revelan que hay más preocupación en los costarricenses aunque todavía tenemos una enorme necesidad de trabajar en la prevención.

Hay muchas formas de violencia. Hay muchas formas en que nuestras niñas y niños son maltratados. Algunos de manera verbal, otros en forma psicológica, otros son víctimas de abusos sexuales y una gran cantidad de menores sufre violencia física.

La Doctora Arguedas mencionaba algunos factores de riesgo de violencia. Decía que la violencia se da usualmente -pero no en forma exclusiva- en las familias más pobres y entre las familias que tienen más bajo nivel educativo.

También explicaba la Doctora Arguedas que la violencia contra los menores se produce con mayor frecuencia en hijos de madres adolescentes y además cuando los niños tienen alguna discapacidad.

Cada niña y niño que es golpeado, burlado, abofeteado, dañado o maltratado crece con dolor y crece marcado negativamente para el resto de su vida.

Lamentablemente, estamos viviendo en una sociedad cada vez más violenta.

Estoy convencido de que para eliminar la violencia contra los menores debemos revisar la legislación nacional, fortalecer mecanismos institucionales de prevención, activar sistemas de alerta y denuncia, y adquirir un compromiso real de todos los sectores de la sociedad.

Pero estoy convencido también de que para eliminar la violencia contra las niñas y los niños, debemos volver a fortalecer los valores, a la integridad de la familia y la espiritualidad en relación con Dios.

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