Con excepción de los padres adoptivos, la madre biológica, en “vitro” o sin él, que por fin y por dicha se aprobó, es la única y la verdadera “Mater” de la criatura, tal como reza el proverbio latino; las diputadas y los diputados lo saben de sobra, sin embargo; como no tienen nada mejor qué hacer, disertan sobre la prioridad de los apellidos, que los progenitores tendrán que poner a sus hijos, desde luego; estando de acuerdo no surgirán problemas, de lo contrario; sugerimos que hagan a “cara o sello” y dicho sea de paso, añadimos; con mucho respeto, que no impongan “manu militari” a sus retoños, quienes no pueden oponerse, unos nombres de pila estrambóticos, a gusto de ellos; como uno de una nuestra conocida que es “Disneylandia”, o en su defecto; deberían darles, aunque en forma provisoria, unos nombres sencillos, para que a la postre y cuando sean grandecitos, puedan decidir “motu proprio” como llamarse durante toda su vida.

Por mala o buena suerte, nuestra controversial sociedad; establece legalmente que un ser humano, sin un “pinche” apellido o más, no existe. Por antonomasia, una novela muy famosa del Nobel Luigi Pirandello, titulada “El difunto Matias Pascal”, aborda el problema. “Mater et pater familiae” de la patria, todas las niñas y los niños, necesitan constantemente y a veces con urgencia muchos recursos de todo tipo, con énfasis en los legales que les competen, más importantes que unos apellidos. ¡Por favor, piensen en ellos, los merecen!

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