Los juguetes y los videojuegos deberían ser usados para promover el respeto, jamás para incitar a la violencia.

Bajo esa premisa, presenté a conocimiento de la Asamblea Legislativa un proyecto de Ley que pretende prohibir la venta y publicidad de juguetes bélicos.

También prohíbe la venta a menores de videojuegos de contenido militar o violentos.

En el caso de los vídeojuegos, deberán indicar con información veraz y legible, los efectos dañinos en la salud mental y las implicaciones psicológicas por su empleo en las personas menores de edad.

Esta advertencia servirá para que los padres o tutores de los niños y niñas sepan qué repercusiones puede tener la exposición prolongada a este tipo de juegos.

El proyecto fue dictaminado afirmativamente ayer en la Comisión de Asuntos Económicos con una votación de siete diputados a favor y dos en contra. Ahora avanzará a su discusión en el Plenario Legislativo, donde espero que tenga el apoyo de la mayoría de los legisladores.

La sociedad nos exige que tomemos acciones contra la violencia en las casas, en las calles y en todo nuestro entorno, y existen evidencias sobre el impacto de conductas alteradas en niños, niñas y adolescentes que están expuestos con frecuencia a vídeojuegos agresivos y juguetes bélicos.

Cuando aprobemos este proyecto, nuestro país dará un paso muy importante en el deseo de todos, de tener una sociedad menos violenta, menos agresiva y menos insegura.

En Costa Rica se cometen delitos usando armas de juguete. ¿Qué hemos hecho para evitarlo? Este proyecto va en la dirección de hacer algo que restrinja las facilidades de los asaltantes. Es cierto que no eliminará eso, pero estaremos accionando para poner un alto.

Si somos un país sin ejército y con tradición civilista, no deberíamos promover que se vendan juguetes bélicos y mucho menos a nuestros niños.

Sobre el fondo del proyecto, se pronunciaron a favor organizaciones como Enfoque a la Familia, el Ministerio de Seguridad, el Ministerio de Educación Pública y el Hospital Nacional de Niños, entre otros.

Quienes se oponen, mencionan principalmente que podría violentar la libertad de comercio. Sin embargo, la libertad de comercio no puede estar por encima de nuestras convicciones costarricenses de ser pacifistas y civilistas.

A nadie le gustan las prohibiciones, pero si no existieran, todos los conductores pasarían los semáforos en rojo y las muertes por accidentes serían mayores. Algo similar pasaría en nuestra sociedad si no ponemos limitaciones al contacto con los instrumentos de violencia.

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