Esta generación, conocida como millennials, es esa que ha crecido alrededor del cambio del milenio, la cual se estima con edades entre 18 y 35 años, y que representará alrededor de un 40 por ciento de las personas que votarán en las próximas elecciones.

Evidentemente esta generación ha crecido viviendo día a día los mayores y más veloces cambios que jamás haya conocido la humanidad. Su nivel de influencia hacia adentro y hacia afuera no tiene parangón. Su grado de comunicación por las vías digitales, haciendo uso de las más novedosas tecnologías, hace que su comportamiento deba ser estudiado y atendido de manera especial.

Recientemente un estudio realizado a través de la página web de la Universidad de Costa Rica, muestra ciertas definiciones de sumo interés para los estudiosos del comportamiento humano.

La vocación por el servicio o la ayuda a los demás es un patrón de conducta que está inserto en el corazón de todos nosotros; en un 57%, según el estudio señalado. Esta identificación la tienen también con las cosas que los apasiona (40%) y casi un 90% está dispuesto a mantener un aprendizaje continuo. Además de estos datos, el estudio señala que un 77% apuesta por la estabilidad en sus vidas, no les gusta vivir bajo inseguridades, con dudas sin razón o con escenarios cargados de incertidumbre.

Naturalmente, en muchos casos, tenemos valores distintos a los que animaron a las generaciones anteriores, a las de nuestros padres y abuelos.

El alto grado de uso de las modernas tecnologías digitales hacen que los millenials estén intercomunicados constantemente entre todos y que tengan niveles casi totales de la información sobre casi todos los asuntos.

Un joven emprendedor como Leandro Camacho afirma: “En esta generación, lo que buscamos es venir a cooperar en todos nuestros entornos; no nos gustan las estructuras con las cuales no nos sentimos identificados”. Esto nos evidencia que esta generación está llamada a brindar un aporte determinante en la vida política del país, de la cual deriva la posibilidad de avanzar en nuevos escenarios, cargados de compromiso con el desarrollo de la juventud y de la sociedad costarricense como un todo.

No es posible tolerar que otros sigan decidiendo por nosotros.  Menos ahogarnos en la automarginación porque no quiero o no confío en las actuales estructuras políticas o sociales.  Es hora de que nuestra decisión cuente.

La vida política de nuestro medio no nos satisface, no nos sentimos plenamente representados e identificados, pero es la que tenemos. Asumamos absoluta conciencia de lo mucho que tenemos por hacer. Nadie antes ha tenido tanto poder al alcance de la mano para influir en los demás como nuestra generación. Muchos de la misma generación y de más atrás dirán que somos menos maduros, o estamos identificados con el esfuerzo colectivo y la solidaridad, o somos más livianos en actitud y responsabilidad. Sin embargo, las muestras de disposición a crecer, innovar, emprender proyectos, ir por la formación y capacitación continua, apasionarnos por lo que hacemos o por lo que quisiéramos hacer, por encontrar felicidad en el ser más que en el tener,  las encontramos en todo lado.

Reitero, está en nuestras manos decidir sobre el futuro inmediato de Costa Rica, aunque a veces no nos lo creemos. Falta muy poco, quizás solo un deseo de ser y de estar presente a través de los medios con los que hoy contamos. El proceso electoral que se avecina es una ventana para tomar un nuevo aire, reforzar nuestros valores y actitudes transformadoras y rebeldes con el statu quo, y tomar posiciones con firmeza, haciendo valer nuestras capacidades e ideales por una Costa Rica mejor para todos.

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