El humano cuenta con un valor intrínseco, insustituible e innegable, pero a su vez con un perenne combate al no aceptar el de sus iguales. Las muertes se contabilizan como datos carentes de significancia, y el constreñimiento es visto como acto egregio y solemne.

Un llamamiento al concierto de las naciones:

La Carta de las Naciones Unidas establece -en su artículo segundo- el principio de la igualdad soberana. Pues todo pueblo tiene la necesidad de construir su futuro, y la obligación de proteger el multilateralismo.

Teorizaba Charles De Visscher y retomaba Edmundo Vargas Carreño: “La norma de derecho internacional ha de corresponder su contenido con las necesidades sociales y expresar formalmente su exactitud con respecto a la práctica de los Estados con el fin de conservar su fuerza de aplicación.” Pero ¿cómo cumplir con estas disposiciones, cuando la primitiva violencia es ahora sinónimo de diplomacia y defensa legítima de intereses?

Jus cogens:

Concuerdo con Rodolfo Piza, Gerardo Trejos y E. Jiménez de Aréchaga: “los derechos humanos se encuentran en una especie de jus cogens”. Puesto que considero la dignidad humana como un concepto el cual va más allá de la jurispericia, y a los D.D.H.H., como normas fundamentales e inviolables. *

*Pero en un grado de concatenación e historia, el cual sobrepasa las teorías de Kelsen -de la norma fundamental- y de Lauterpacht -fundamentada en la costumbre-.

Pero lastimosamente, ni siquiera los artículos 53 y 64 de la Convención de Viena sobre los derechos de los tratados (1969), han sido capaces de evitar la defenestración de las sensibilidades sociales, ante la sevicia de nuestro comportamiento ambicioso.

Arquitectos de nuestro propio destino:

Nuestras flaquezas son notorias en cada porción de la cotidianeidad: cuando abogamos por la paz, pero sobreponemos la potencia del galillo al intelecto en el diálogo. Albert Einstein se refería a la humanidad como: “arquitecta de su propio destino”, y es momento de tomarle la palabra. Hoy más que nunca, es momento de que nuestra merced se disponga a abanderar los valores humanistas y a sustituir los rencores aldeanos por una percepción de hermandad global.

 “El hombre tiene que establecer un final para la guerra. Si no, la guerra establecerá un final para el hombre.” -John F. Kennedy-

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