Decir uno o dos, pero sin miedos

 

En Cuba no todos tenemos derecho a la universidad. Solo está reservada para los “revolucionarios” que apoyen el antiguo proceso del 59′. Recuerdo algunos conocidos diciéndome “No fuiste inteligente”, “Tenías que callar”, entre otras filosofías de vida tormentosas, sinónimo de hipocresía y doble discurso. Desgraciadamente esos infiernos abundan en la isla: la gente para sobrevivir en empleos y escuelas, miente, oculta y habla bajito.

No pude ser una “camarada” de la Revolución Cubana. Era una cuestión de elegir: estaba con una gesta detenida y conservadora a cambio de comodidades terrenales o luchaba por reconstruir la nación con el único regalo de sentirme libre.

Estudiaba Licenciatura en Periodismo y fui expulsada de la institución. Incumplí el inciso a) de las faltas MUY GRAVES del reglamento universitario: “Mantener una actitud o actuación manifiestamente contraria a nuestro proceso revolucionario”. ¿Por qué? Ser miembro de un movimiento político opositor llamado Somos+ y publicar artículos críticos con el gobierno cubano en el blog del mismo.

Unos días duró la incertidumbre. El sueño de arreglar mi país desde el periodismo se frustraba. Llegó la llamada de esperanza. El diario digital El Mundo en Costa Rica, de la mano de Mauricio Muñoz y Yamileth Angulo me ofrecían una pasantía en su medio, así como culminar estudios en ese país. “Es un tema humanitario y en defensa de la libertad de expresión”, argumentaron ellos.

Luego de un mes de conversaciones y trámites para viajar, me encuentro hoy en un sitio nuevo. En tres días me tiene abrumada la pluralidad e intercambio libre de ideas, el derecho a la asociación y la libertad de prensa. Si bien estos preceptos deben ser regla universal, en Cuba son violados constantemente.

Una vez más mis agradecimientos hacia este periódico por brindarme tan maravillosa oportunidad de crecer y superarme para después volver a mi tierra y continuar la batalla por la tolerancia y el cambio.

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