China gira el motor económico hacia el liderazgo en energía limpia

REPORTAJE ESPECIAL

Foto: Adam Dean/The New York Times

Liulong, China, 18 jun (NYT) – Los devastadores problemas de contaminación de China empezaron aquí, en el campo carbonífero, donde legiones de trabajadores se afanaron y a menudo murieron para exhumar los ricos depósitos que alimentaron el tiznado ascenso del país hacia el poderío económico.

Hoy, estas llanuras lodosas albergan a un poderoso símbolo de la nueva ambición de China: eludir a Estados Unidos y consolidar su papel dominante en la energía limpia.

En un lago creado por el colapso de las minas de carbón abandonadas, China ha construido el proyecto solar flotante más grande del mundo, suficiente para suministrar iluminación y aire acondicionado a gran parte de una ciudad cercana. El gobierno provincial quiere ampliar el esfuerzo a más de una docena de sitios, los cuales producirían colectivamente la misma cantidad de electricidad que un reactor nuclear comercial de tamaño completo.

El proyecto refleja el esfuerzo de China por reformar el orden mundial en la energía renovable a medida que Estados Unidos parte en retirada. Esa experiencia tecnológica formará la columna vertebral de la infraestructura necesaria para que los países cumplan sus metas climáticas, haciendo de China el socio energético favorito de muchas naciones.

Los paneles solares a prueba de olas son una opción asequible y viable para los países hambrientos de electricidad. Delegaciones de Japón, Taiwán, Vietnam, Singapur y otras partes han acudido a estudiar el proyecto mientras el fabricante, Sungrow, se prepara para otorgar licencias de la tecnología para su venta en el extranjero.

China está capitalizando el vacío de liderazgo que quedó después de que el presidente Donald Trump dijo que retiraría a Estados Unidos del acuerdo de París para limitar el cambio climático.

Foto: Adam Dean/The New York Times

China ya ha empezado una costosa campaña nacionalmente y en extranjero para consolidar su considerable dominio en la energía solar, eólica y otras empresas de ahorro de electricidad. Si tiene éxito, China se quedaría con el botín económico y diplomático de que han disfrutado desde hace tiempo Estados Unidos y algunos países europeos por sus dominantes productoras de software, chips de computación y aviones.

La influencia de China quedó de manifiesto en Pekín este mes en la Ministerial de Energía Limpia, una reunión de destacados funcionarios de energía de dos docenas de países y la Unión Europea que representan a productores de tres cuartas partes de las emisiones de gases de invernadero del mundo. Los representantes de Estados Unidos reflejaron la profunda división del país. Asistieron el secretario de Energía, Rick Perry, un entusiasta simpatizante de las industrias de combustibles fósiles, así como el gobernador de California, Jerry Brown, un abierto promotor de la energía renovable.

China es un improbable paladín en el combate al cambio climático. El país es el contaminador más grande del mundo, y sus problemas pudieran crecer a medida que la gente compre más autos y use más electricidad. Sigue siendo profundamente dependiente del carbón, una fuente de energía especialmente sucia.

Y la competencia en las energías renovables no ha sido ganada. Estados Unidos y la Unión Europea acusan a Pekín de subsidiar injustamente a sus industrias verdes y han elevado las barreras comerciales contra los productos hechos en China. Compañías y gobiernos locales en Estados Unidos se proponen continuar su campaña por una energía limpia pese a la retirada de Trump del acuerdo de París.

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Como con muchas cosas en China, la campaña por la energía limpia gira mucho más en torno de la ventaja económica, la seguridad nacional y la estabilidad política que de un compromiso idealista de salvar a la Tierra.

El programa “Hecho en China 2025” del país, el meollo de la política industrial nacional de Pekín, establece un fuerte gasto en investigación y desarrollo de energía limpia, como una forma de estimular a la economía. Los bancos de propiedad estatal están invirtiendo decenas de miles de millones de dólares cada año en tecnologías como la energía solar y eólica, junto con estrategias de conservación de energía como el tren de alta velocidad y las líneas de tren subterráneo.

El plan “Un cinturón, una ruta” de China ⎯ una ofensiva mundial de un billón de dólares del presidente Xi Jinping para nutrir los lazos económicos y diplomáticos a través de la construcción de infraestructura ⎯ está destinado a financiar proyectos de energía limpia en toda Asia, incluyendo el Medio Oriente, el este de África y Europa Oriental. Los proyectos dan a China una ventaja, llevando a los países a comprar a las empresas chinas.

China ya es dominante en muchas tecnologías eléctricas bajas en la emisión de carbono. Produce dos tercios de los paneles solares del mundo y casi la mitad de las turbinas eólicas. China también está ampliando rápidamente su flota de reactores nucleares y encabeza por mucho al mundo en energía hidroeléctrica.

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“Es diferente de la energía tradicional, la cual está dominada por los países occidentales”, dijo Li Tao, director técnico de JA Solar, el proveedor chino de los paneles de Sungrow. “China tiene la oportunidad de superar a los países occidentales en la nueva energía”.

Los sofocantes problemas de contaminación y las preocupaciones de que el ascenso de los niveles oceánicos pudieran devastar a ciudades costeras forzó a Pekín hace una década a empezar una campaña para encontrar soluciones verdes. Los gobiernos locales ofrecieron terrenos casi gratuitamente, y los bancos estatales distribuyeron enormes préstamos a tasas de interés muy bajas. En ocasiones, las agencias gubernamentales ayudaron a la empresas a pagar sus préstamos.

El carbón está recibiendo mucha menos atención. Aunque China sigue construyendo algunas plantas eléctricas alimentadas con carbón, ha cancelado planes para otras. Muchas de las existentes están operando muy por debajo de su capacidad.

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“El carbón está acabado”, dijo Li Junfeng, un veterano funcionario especializado en energía renovable en la Comisión Nacional de Desarrollo y Reforma, la principal agencia de planeación económica de China. “Cada año, se reducirá gradualmente, ciudad por ciudad”.

La campaña verde de China sigue en sus primeras etapas.

La industria solar emplea a más de un millón de trabajadores en todo, desde la producción de paneles para exportación hasta la instalación de los mismos nacionalmente, aunque la energía solar representa solo 2 por ciento de sus necesidades de electricidad. En comparación, China tiene cuatro millones de mineros carboníferos que suministran a las plantas de energía que generan 70 por ciento de la electricidad del país.

Pero el esfuerzo de energía limpia ya está transformando a la región del carbón.

Durante décadas, Yang Xuancheng, un ex minero carbonífero en Liulong, en la provincia de Anhui en el centro oriental de China, trabajó afanosamente durante jornadas de 12 horas en medio de un calor sofocante. Una explosión de gas natural mató a la mitad de su cuadrilla de perforación de 20 miembros.

Cuando las minas quedaron vacías de carbón empezaron a colapsar subterráneamente, la tierra cedió y la aldea de su niñez desapareció en un hoyo de 7.5 metros de profundidad. El hoyo pronto se llenó de agua de lluvia y agua subterránea, creando un lago.

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El lago alberga ahora al proyecto de energía solar flotante de Sungrow. Yang, de 57 años de edad, une los tubos de plástico que llevan el cableado de conexión de los paneles.

“Este trabajo sobre la tierra es mucho más placentero que el calor caliente abajo en una mina de carbón”, dijo Yang.

Esos esfuerzos solares han puesto a China a la vanguardia de las energías renovables.

Estados Unidos y Japón inventaron muchas de las tecnologías claves para los paneles solares en el último medio siglo. Pero fueron demasiado cautelosos al construir fábricas muy grandes, temiendo que tuvieran que reducir los precios por debajo del costo para vender todos los paneles. Los paneles chinos extremadamente baratos han sacado del negocio a docenas de compañías occidentales, incluidas varias más en los últimos meses.

Participantes chinos como JinkoSolar y Trina Solar, los fabricantes de paneles solares más grandes del mundo, invirtieron fuertemente en la producción. Sus plantas altamente automatizadas producen enormes cantidades de paneles con calidad constante a un costo que cae cada vez más.

GCL Group, un gran fabricante en Suzhou, ahora depende de robots para gran parte de su producción, desde derretir las materias primas para el silicio hasta ensamblar el equipo final. La compañía casi ha duplicado su producción en los últimos cuatros años aun mientras reducía su fuerza laboral en casi la mitad.

“Si no se tienen las fábricas como base manufacturera, entonces las nuevas ideas y la innovación técnica se quedarán en el aire y no representarán nada”, dijo Lu Jinbiao, vicepresidente ejecutivo de GCL.

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